Es posible que ya te hayas dado cuenta: Nos estamos cargando el planeta a una velocidad de vértigo. Empezamos a ser conscientes de ello, ya no solo por las profecías apocalípticas a las que nos hemos acostumbrado, sino porque ya podemos sentirlo en primera persona y en nuestro día a día… ¿Qué tal el calor de este verano?

Hasta ahora todo parecía sonar tan impactante como distante: las imágenes de un oso polar devorando a sus crías, un casquete de hielo tan grande como la provincia de Albacete desmembrándose de la Antártida, ese mapa mundial con un manchurrón rojo que dice ser un agujero en la capa de ozono… Y si Colón descubrió un continente, nosotrxs no íbamos ser menos: hemos creado uno de plástico.

Sí, somos conscientes de todos estos problemas, conocemos todas estas noticias y, sin embargo, la mayoría de las veces nos quedamos inmóviles mirando cómo enviamos al garete el único hogar que tenemos. Una actitud paralizante que debemos en gran parte a la INFOXICACIÓN: nos han bombardeado con tal cantidad de información que al final nos sentimos como esas criaturas malvadas y bípedas que trituran el planeta, pero que no tienen ni la más remota idea de cómo remediarlo o contribuir a solucionar el problema.

De este modo, aceptamos nuestro rol de bacteria en este punto ínfimo del Universo, somos como un gusano que devora la manzana sin saber qué será de nosotrxs cuando no quede ni el rabo. Hemos asumido la derrota. Claro, que tampoco ayuda que la primera potencia mundial tenga como presidente a un terrorista medioambiental que rompe sus compromisos en la lucha contra el cambio climático.

Sabemos entonar el Mea culpa de memoria, pero optamos por ver cómo todo sigue su camino hacia el desastre. Pero, ¿y si esa culpabilidad que solo genera pensamientos pesimistas la transformaras en ideas optimistas? ¿Y si ese optimismo se convirtiera en motor del cambio?

Pues ese es el principio que sustenta la Economía Circular, el contrapunto al actual modelo de Economía Lineal, basado en la ecuación Tomar + Hacer + Desechar, y que produce un agotamiento inminente de la energía y de los recursos, generando una ingente cantidad de residuos. Sin embargo, la Economía Circular plantea el diseño sin residuos: los componentes de un producto se diseñan con el fin de adaptarse a un ciclo continuo de desmontaje y de readaptación (todo bajo un uso de energía renovable). De este modo, se reduciría el impacto sobre el medio ambiente en los procesos de producción y el ser humano volvería a estar en plena conexión con la naturaleza.

Con esta reubicación de la raza humana y su influencia en el planeta lograríamos atenuar esa sensación de culpabilidad ¿verdad? Pues eso es justo lo que hemos propuesto en nuestro LabEspabila. Hemos querido que nuestrxs participantes adoptaran una actitud más positiva y creativa a la hora de aprovechar las tecnologías para diseñar procesos y productos beneficiosos para el planeta. Y este ha sido el resultado:

 

#LabEspabila Reto nº1: “SER SUPREMO”

1-Elige un problema medioambiental (reciente o pasado)

2- Imagina que eres una especie de ser supremo (TÚ tomas las decisiones sobre la tecnología, las materias primas y los procesos de producción)

3- ¿Qué harías para solucionar el problema medioambiental elegido?

 

A la hora de exponer este ejercicio hubo una tendencia generalizada en señalar el rumbo equivocado del ser humano, quien en algún momento de su existencia decidió desmarcarse y alejarse de la naturaleza que le hizo nacer. Así, Noelia Méndez, destaca ese distanciamiento a través de los daños provocados al medio ambiente que se vieron agravados con la Revolución Industrial hasta llegar al punto crítico de hoy.

Los problemas medioambientales escogidos han sido variados, donde la actualidad y la reincidencia han sido el factor común.

Mercedes Gómez nos expone el estado actual del inminente cambio climático.

La contaminación o el uso inadecuado de los recursos naturales también han gozado de protagonismo: Carmen Silva ha compartido con nosotros su idea de fomentar el reciclaje premiando a los que lo cumplen con actividades de ocio gratuitas.

Pero, sin duda, el tema más recurrido por su cercanía espacio/temporal ha sido el incendio ocurrido a principios de este verano en Doñana, donde fueron incineradas más de 8.000 hectáreas de esta reserva natural durante la realización de este Lab.

A raíz de este desastre medioambiental, Belén Gutiérrez propone evitar que se recalifique el terreno quemado y trabajar para su pronta recuperación. Unos drones para que vigilen constantemente las zonas con riesgo de incendio es una de las medidas de control sugeridas por Francisca Gamonales para disuadir a quienes atentan contra los bosques.

Todas las soluciones coinciden en la necesidad de un cambio importante en la legislación actual que implique un mayor control sobre las zonas naturales más vulnerables, un endurecimiento de las sanciones para quienes provoquen los incendios y un refuerzo de las actividades vinculadas al respeto medioambiental en la educación. Hay  quien aboga por una reelaboración de normas de convivencia como la lista de “Leyes para la ciudadanía” propuesta por Lourdes Lobato, basada en una serie de derechos y obligaciones como formarse y respetar el medio ambiente imponiendo energías renovables al alcance de todos, cuidando la biodiversidad, fomentando el uso de materiales biodegradables… Acciones, al fin y al cabo, que nacen de una idea, de una esperanza en el ser humano, porque si hay algo que sepamos hacer, después de la herida, es la cura. Y porque de las acciones a los hechos, solo hay un paso.

¿Y tú? ¿Qué soluciones aportarías a lo que te preocupa?

Sabrás más de nuestros retos en los próximos días…

 

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