DSC_0590 copyLa situación actual en el medio rural no es muy alentadora: La dinámica en la que se ha visto envuelta está dominada por un envejecimiento de la población, un preocupante éxodo rural, sin olvidarnos de las altas tasas de desempleo extensibles a todo el territorio español. El diagnóstico no es de ahora, estaba establecido hace varios años, y a través de diversas iniciativas y herramientas, las administraciones públicas han tratado de luchar para cambiar este panorama, unas veces de forma muy acertada, otras veces, no tanto.

Estaréis de acuerdo conmigo de la gran importancia que tiene el sector ganadero y agrónomo en el desarrollo rural, y desde hace unos años atrás también el turismo en varias provincias de nuestro país. Pero no lo es todo. La dinamización rural no es algo de unos pocos, es cosa de muchos. Es entendible que tenga que haber un motor que empuje la maquinaria: Tejido empresarial, administración local, mancomunidades, grupos de acción local, administración provincial y regional… Dichos motores están dirigidos y alimentados por personas que son pieza clave para lograr una dinamización rural a largo plazo: Agentes de desarrollo local, técnicos de juventud, animadores socioculturales, técnicos de cultura y de deporte, Informadores juveniles…

El motor no estará al completo si el mundo rural carece de tejido asociativo. Porque las asociaciones son pieza clave de información para cualquier técnico que trabaje en el ámbito rural para saber las necesidades de un determinado territorio así como las demandas. Hablar de asociacionismo es hablar de participación, de implicar directamente a los habitantes de un territorio de forma directa o indirecta en el desarrollo y dinamización rural. Porque no puede haber un desarrollo rural completo sin un enfoque ascendente.

Dentro de este tejido asociativo adquiere un papel importante en la dinamización rural las asociaciones juveniles. Si bien el marco legal que afecta a las asociaciones juveniles establece edad de 14-30 años para la creación de una asociación juvenil, pensamos que la juventud ha dejado de ser una etapa transitoria. No podemos referirnos a conceptos como dinamización juvenil y desarrollo rural, sin hablar de la juventud como pieza clave para el asentamiento poblacional.

El asociacionismo juvenil implica:

  • Hablar de educación no formal, educación formal, de iniciativas, de participación, de voluntariado, de ocio y tiempo libre, de emprendimiento social (que muchas veces deriva en emprendimiento económico).
  • Estar en contacto con otros tejidos asociativos juveniles gracias a la función que desarrollan los consejos de la juventud provinciales y regionales.
  • Viajar, estar informado, y tener una visión más global de la realidad. Porque el hecho de que un joven decida formar parte de una asociación juvenil denota un gran interés no solamente en su futuro, sino en el entorno que le rodea.

Una asociación juvenil puede llegar a ser una potente herramienta para el desarrollo rural a distintos niveles. Estas agrupaciones democráticas y legalmente constituidas “juegan” a ser mini ayuntamientos, o mini empresas (sin ánimo de lucro) con una serie de demandas, necesidades e inquietudes planteadas por sus socios y una serie de alternativas y recursos limitados para suplirlos. Las iniciativas llevadas a cabo muchas veces repercuten de forma muy positiva el los diferentes sectores poblacionales del ámbito rural. Y todo de forma lúdica, donde también se trabajan ciertos valores como la solidaridad, la cooperación, el sentido de lo comunitario, de lo colectivo, el bien común…

Pero toda herramienta que se precie necesita su mantenimiento. Por eso tiene que haber una coordinación entre los agentes sociales que trabajan en el ámbito rural, tejido empresarial, ayuntamientos, administraciones públicas y consejos de la juventud. Sin olvidarnos de la gran importancia que desempeña la motivación, para que sigan trabajando en sus territorios. También es importante el apoyo, el cual no simple y llanamente se tiene que deducir a lo meramente económico.

La juventud de hoy tiene que ser y va a ser un elemento definitivo y determinante en la construcción de otra nueva realidad en el mundo rural. Asegurar el desarrollo estable no es luchar un día, una semana o un año. Es convencerse para luchar toda la vida por nuestro pueblo, por nuestra comarca, nuestra provincia, por la juventud. En definitiva, por el futuro de todos.

Jorge Molina Merino

Presidente del Consejo Provincial de la Juventud de Valladolid