«La violencia contra las mujeres es el Holocausto del Siglo XXI», así de rotunda es la presentación de la Fundación Ana Bella, que desde que se creó en 2006, es un referente en la ayuda a mujeres maltratadas. Con razón del Día de la Mujer, charlamos con su presidenta, que da nombre al colectivo.

–Estamos ante el peor inicio de año en materia de violencia machista de la última década. ¿Qué está ocurriendo?

–Uno de los problemas es, precisamente, cómo aparecen estas noticias en los medios de comunicación, que difunden el número de las mujeres asesinadas, pero nunca inciden en las consecuencias que estos actos tienen sobre el hombre que asesina. Los medios se centran en las víctimas, pero habría que poner el punto de mira en los verdaderos protagonistas de esta historia: porque la violencia de género no mata en sí, los que matan son los hombres. Y hay que culpabilizar a los asesinos. Y decirlo claro: 1 de 4 hombres maltrata en España.

–Muchas veces ni siquiera hay consenso en las cifras, ya que en ocasiones no se computan los hijos e hijas asesinadas. ¿Cómo puede haber disparidad incluso a la hora de identificar y cuantificar a las víctimas?

–Una sola mujer asesinada ya es una pérdida enorme. Pero no hay que centrarse sólo en los números ni en los asesinatos, sino en todas las mujeres invisibles que no han roto su silencio aún, que no han pedido ayuda. Esas son las que están en peligro y en las que tenemos que centrarnos. En cualquier caso, una vida de maltrato es una vida perdida, aunque la persona no llegue a ser asesinada.

–¿Cree que, judicial y penalmente, sigue siendo (y perdone la expresión) “barato” maltratar a una mujer en este país?

–Sí. Hay muchas menos sentencias condenatorias de las que tendría que haber. E igual que en algunos delitos fiscales se llevan a cabo sentencias ejemplarizantes, también tendrían que aplicarse en el ámbito de la violencia de género, para que los maltratadores sepan que el peso de la ley caerá sobre ellos. Ahora parece que quien maltrata queda impune.

–Usted es una mujer referente en el empoderamiento de las mujeres que han sufrido maltrato. Asegura que no son maltratadas, sino supervivientes. Y es que muchas veces todo mejoraría con un simple gesto: un mejor uso del lenguaje. ¿Nos queda mucho por hacer todavía en este terreno?

–Hay que ser muy fuerte para resistir un maltrato y hay que ser muy valiente para romper el silencio, pero cuando salimos de las casas de acogida la sociedad nos sigue viendo con el ojo morado y la administración nos sigue considerando víctimas, lo que está llevando a las mujeres supervivientes de la violencia de género a la exclusión social. Cuando somos maltratadas es verdad que somos víctimas y necesitamos apoyo para romper la dependencia emocional que nos ata al maltratador, pero, una vez que rompemos el silencio, la forma de que las mujeres supervivientes se empoderen es potenciando sus cualidades como superadoras y no calificándolas de víctimas.

–¿Cree que hay alguna medida urgente que debe ser tomada sin mayor dilación?

–Poder entrar en las casas de acogida sin denuncia previa. Además de fomentar la movilidad entre casas de acogida de toda España, compartir recursos entre comunidades autónomas. Y que las casas de acogida dejen de ser lugares de estancia y se conviertan en centros de transformación, donde las mujeres entren como víctimas y salgan empoderadas, como líderes de su vida.

–Defiende que la violencia machista es más que una lacra social, es una vulneración de los derechos humanos. ¿Cree que las personas jóvenes estás más concienciadas?

–Hay que educar a los chicos en tener relaciones en igualdad: el amor es en libertad y no es una dominación, los celos no son amor, no hay propiedades… Y a las chicas, hay que educarlas para tener amor propio. Si las mujeres fuésemos empoderadas desde pequeñas, ninguna mujer sería maltratada. Nunca nos dejaríamos maltratar.