Lorena

¿Os acordáis de aquello del Despotismo Ilustrado? Pues tengo una sensación similar en la actualidad: todo para la juventud pero sin la juventud. Se ha puesto de moda entre los grupos políticos hablar sobre cuánto nos quieren y cuánto nos necesitan. Sin embargo, únicamente parece quedar en palabras que el viento se lleva. Además, parece hablarse sólo donde interesa y no en lo verdaderamente importante, ya que en el debate de investidura (fallida) no me pareció que nos hicieran demasiadas alusiones. Si miramos en los presupuestos públicos de cualquier Comunidad Autónoma, la inversión directa en juventud no llega al 1%. Y si nos fijamos directamente en España, la inversión en tercera edad multiplica por 34 a la de juventud. Sí, no es un 34% más, es 34 veces más incluyendo en ella las políticas de educación y familia (Informe Juventud Necesaria, CJE, 2015).

¿De verdad nos extrañamos de que existan porcentajes de vértigo de jóvenes en riesgo de pobreza relativa o exclusión social en nuestro país? ¿Vamos a seguir negándolo? Por lo visto sí. Pero hay algo mejor aún, ¿qué usamos los Consejos de juventud y otras organizaciones no gubernamentales para medir los índices de pobreza? La tasa AROPE. ¿Y por qué esa? Porque el Consejo Europeo el 17 de junio de 2010 en el marco de la Estrategia Europa 2020 decidió que esa era válida. De hecho, es la misma que usa el INE para la Encuesta de Condiciones de Vida. Es decir, los gobiernos europeos aprueban algo que posteriormente se atreven a negar o incluso a tachar de poco objetiva. Permítanme opinar que sí es objetiva, y que a algunos grupos políticos no les interesa aceptarla cuando es el territorio que gobiernan el que está en juego. Pero, ¿en qué consiste realmente la AROPE? Existen tres situaciones para calificar el riesgo de pobreza o exclusión social. Si una persona se encuentra en una sola de ellas, ya podría calificarse como una situación de riesgo. Estas situaciones son (no olvidemos, según el Consejo Europeo):

  • Disponer de unos ingresos inferiores al 60% de la mediana disponible equivalente. Es decir, los ingresos de una persona no llegan prácticamente ni a la mitad del salario medio.
  • Sufrir privación material severa, es decir, en un hogar no puede permitirse al menos cuatro de los siguientes nueve conceptos: 1) no acumular retrasos en el pago del alquiler, hipoteca, recibos relacionados con la vivienda o compras a plazos; 2) mantener la vivienda con una temperatura adecuada durante los meses fríos; 3) hacer frente a gastos imprevistos; 4) realizar una comida de carne, pollo o pescado cada dos días; 5) ir de vacaciones fuera de casa, al menos una semana al año; 6)tener un coche; 7) tener una lavadora; 8) tener una televisión a color; y/o 9) tener un teléfono.
  • Vivir en hogares sin empleo o con baja intensidad laboral: hogares en los que los miembros en edad de trabajar, tomando el rango de 18 a 59 años, lo hicieron menos del 20% de su potencial de trabajo durante el año anterior. Por ejemplo, haber trabajado dos meses aproximadamente en un año. La intensidad de trabajo se define como la proporción entre el número de meses al año que efectivamente han trabajado los miembros del hogar en edad de trabajar y el número total de meses en los que teóricamente esos mismos miembros podrían haber trabajado durante el mismo período. De los miembros en edad de trabajar se excluyen las personas estudiantes de 18 a 24 años. También se excluyen los hogares compuestos íntegramente por personas estudiantes menores de 25 años y/o personas de 60 años o más.

Juzgad si carece de objetividad. Para mí, de lo que se carece es de responsabilidad política. Evidentemente, en España no hablamos tanto de pobreza extrema, y hasta ahí estamos de acuerdo. Pero no se debe intentar confundir a la ciudadanía, que tengamos la suerte de no padecer la pobreza extrema que sufren en países de África, que dispongamos de agua y saneamiento, que exista el acceso a la educación (ojo, que no para todas ni siempre de calidad), que tengamos la suerte de poder cruzar las fronteras sin que nos tachen de terroristas cuando sólo se busca sobrevivir…no significa que los derechos sociales no necesiten una revisión en España. Habrá muchos y muchas que argumenten (y delante de mí ha ocurrido) que aquí se come, que si la gente estuviera tan mal las calles estarían ardiendo, pero no olvidemos ejemplos tan simples como el de la alimentación: que apenas exista la desnutrición en España no nos excluye de que la mal nutrición siga aumentando. La gestión económica no es eficaz, no puede serlo mientras en España el riesgo de pobreza infantil ya supera el 35% (según estudios de Save The Children, UNICEF, Fundación La Caixa, entre otros) y el de pobreza juvenil se encamina hacia el 40% (Observatorio de Emancipación CJE, Primer Semestre de 2015). Y ante esto, ¿qué hacen nuestros Gobiernos?, y lo más importante: ¿qué haces tú para cambiarlo?

A día de hoy, por fin, la información sí llega a más personas, a día de hoy no pueden callar a todas las personas y organizaciones que luchamos por los derechos humanos. Ya sea en nuestro patio de vecinos (sí, que para aquellos intranquilos por que nos preocupemos de lo de fuera, también lo hacemos por lo más cercano, algo así como “glocal” es la historia -local- global-) o en países a miles de kilómetros, y es por ello por lo que unimos nuestros esfuerzos, haciendo de este un mundo más justo. ¡Espabila, no dejes que te duerman, lucha por nuestros derechos!

Lorena Rodríguez Jiménez

Presidenta del Consejo de la Juventud de Andalucía